Verano

Dicen que el verano de tu vida es el de antes de empezar la universidad.

Pero yo siempre he pensando que el mejor verano es el que acaba de terminar.

Ahora mismo solo puedo pensar en este verano.

Hace un año recuerdo cómo le pedía tantas cosas al verano, y sin embargo este, decidí no esperar nada.

Cuantas noches. Noches de borracheras, de solo cerveza, noches de Caribe 2000 con la lagrimilla asomando por la mejilla, noches de esas en las que nos ponemos intensos y filosóficos, y nos pensamos que el mundo se va a arreglar así como si nada. Noches de pasión, noches en las que lo único que necesitaba era tu boca.

Y no me quedo solo con las noches, porque las mañanas que las siguen también son mágicas. Mañanas de resaca, mañanas en las que te comerías el mundo, y otras en las que no te comerías ni una magdalena. Mañanas de sol, agua y arena.

Gracias verano, porque me has ayudado a cerrar esa etapa que tanto me costaba afrontar. Gracias por darle el final merecido.

Gracias por hacerme ver que al final del túnel hay una pequeña luz, que aunque no me alumbre siempre, sé que el tiempo que me ha acompañado ha sido un regalo.

Gracias por enseñarme que en la vida no todo son alegrías, que hay decepciones y momentos tristes.

Has sabido hacer de montaña rusa, has conseguido que suba y baje. Me has enseñado a disfrutar de cada viaje.

He conocido mundo.

Me has abierto la mente. Me he replanteado tantas cosas.
He aprendido que la clave del éxito en esta vida, es saber con quién te rodeas, escuchar, esforzarte y dar. Que lo material no importa. Y que no hay nada peor que quien no tiene a nadie.

Aunque ahora mismo este en el subsuelo. Sé que tengo que dar gracias por mi verano.
Ha sido especial, intenso e irrepetible.

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Mi vida no es Instagram

Hay varias señales que te harán saber que no estoy pasando por mi mejor momento: una de ellas es que como chocolate, desayuno chocolate, ceno chocolate y si hace falta, me levanto en mitad de la noche a por un colacao calentito.

La otra de las señales es que me vuelvo adicta, más adicta de lo que ya soy quiero decir, a cualquier red social (Instagram, Facebook, Snapchat, y si te empeñas, hasta me cuelo por Twitter)

Será que las vacaciones se han acabado, o que tras varios días en Londres, volver a la rutina cuesta, y más después de haber pasado una semana maravillosa desconectada del mundo, con tu familia y nadie más.

Sin roaming, y con una wifi, de esas que solo aparece una rayita en la pantalla del móvil, esa wifi a la que le cuesta 5 minutos cargar una foto, y ya no hablemos de un vídeo.

Pero la vuelta…¡Ay queridos míos! La vuelta ha sido durísima. Me he reencontrado con mis apuntes, mis obligaciones y responsabilidades.

Y creo que aún no estaba psicológicamente preparada para digerir todo lo que me espera, por lo que llevo varios días ya, en los que reviso Instagram y Snapchat cada 5 minutos. Y 5 también, son los días que me ha costado darme cuenta, de que eso no hace más que acentuar mi depresión post Semana Santa.

Pero ¿por qué?

Pues muy sencillo. Instagram, no es más que un amasijo de:

Desayunos bonitos incompatibles con tipines como los de las chicas que los fotografían.

Ropa preciosísima que poco tiene que ver con el frío polar que tenemos todavía.

Vacaciones de ensueño con chicas que les basta jueves santo y viernes santo para coger un tono que ni yo en un mes y medio en el Caribe cojo.

Madres ideales, con niños más ideales aún, con unos conjuntitos estupendos, que están siempre contentas y felices porque su niño come, duerme, y se porta fenomenal.

Y luego, está Snapchat. En Snapchat las famosas te dan los buenos días con no make up y no filters y todo lo que tu quieras, pero sin ojeras, granos, manchas, y encima contentas aunque sean las 6 de la mañana.

A los 10 minutos te enseñan su outfit, y te cuentan que están súper hiper mega estresadas porque claro, primero se van al shooting para sacar unas fotitos para el blog, luego tienen una reunión súper importante, y ya después para culminar ese día tan duro se van a un evento, donde se encontrarán con el resto de la tropa bloguera y youtuber.

Que sí, que parece que yo lo cuente con mofa, pero es que a mí me da envidia. Tienen vidas súper ideales, y por unos días me han hecho sentir como una mierda hablando claro.

Pero ya basta. Hoy mi mente ha hecho click. Y me siento afortunada porque soy normal.

Porque me levanto de mal humor, y no esperes que te sonría hasta que no me tome un café. Porque me salen granos, y por mucho que me intente maquillar sigo teniendo ojeras. Porque mi outfit no es glamuroso, y salgo con lo primero que pillo a la calle.

Pero sabéis que os digo, que soy natural, no siempre voy depilada, ni siempre estoy contenta. Pero que me encanta estar rodeada de apuntes y vivir en el caos, con una decoración poco armoniosa. Llevo las uñas descascarilladas, y el pelo encrespado. Que a mi lo que me van son las magdalenas con el colacao, y no la avena con plátano.

Y así, es como más feliz soy. Aceptando que una vida ideal, es cuestión de actitud y no de apariencia. Y que lo que se ve, no siempre es lo que hay detrás de una persona.

Dicho esto, me despido hasta la próxima vez que me indigne, y venga aquí a desahogarme.

 

Amores que mueren

Dicen que a la tercera va la vencida, así que yo en esta tercera entrada no podía pasar por alto lo nuestro.
Nosotros que eramos más de hacer que de decir, tirando a poco románticos.
Nosotros, que los te quieros nos los decíamos con la mirada.
Nosotros que habíamos conseguido ese punto perfecto de equilibrio que todos desean en una relación.
Nosotros que eramos capaces de estar con más gente, sin comernos a besos.
Nosotros, tú y yo. Tú que me dabas seguridad, me apoyabas y estabas ahí en lo bueno y en lo malo. Y yo, que era la persona del mundo con la que más te reías.
Nosotros que no contábamos meses, ni años, ni días ni semanas.
Nosotros que nos odiábamos, y acabamos siendo novios.
Nosotros que pensábamos que alguanas cosas duran para siempre. Los mismos, tú y yo, nos equivocamos.
Y que duro es a veces asumir que las cosas tienen que acabar. Que difícil es pensar, que hay luz después del túnel.
Yo no entendía eso que dicen de que el amor cuando no muere mata, hasta que te conocí.
Pero aquí estoy, viva, y con nuestro amor muerto.
Es difícil al principio. Y no dejas de pensar que ya no habrá nadie como él/ella.
Pues claro que no lo habrá. Porque cada persona es distinta, y no hay dos hombres iguales. En eso está la clave de superar una ruptura, en asumirlo.
A ti que acabas de romper una relación, tranquil@, saldrás de esta.
Y saldrás después de muchos lloros, de muchos días sin ganas de nada.
Saldrás porque tienes amigos que tirarán de ti, y te harán ir de fiesta cuando menos te apetezca.
La vida sigue, deja de recordar el pasado, y de pensar en el futuro. Disfruta el hoy y ahora, que cuando menos te lo esperes, ya habrá pasado.

La crisis del universitario

A lo largo de su vida, el ser humano atraviesa, al menos, un periodo de crisis.

Muchos son los que hablan de la crisis de los 40, de la de los 30, y ya con un poco de suerte, las famosas crisis de pareja.

Pero, ¿Quién se acuerda de nosotros? Porque sí, yo creo que la crisis del universitario existe. Es más, me parece de lo más normal, que todo universitario novel, pase por esta crisis de manera más o menos aguda.

Y es que para qué engañarse, a nadie le cuentan las sombras de la universidad.

Todos conocemos las famosas fiestas, y sabemos, que será durante esta etapa, cuando formemos grandes lazos con personas que se convertirán en amigos de esos que se cuentan con los dedos de una mano. Y probablemente, el amor de nuestra vida, también se halle escondido entre esa masa de universitarios novatos, que deambulamos por la universidad, sin saber donde está nuestra clase, y sin ninguna intención de perder la poca dignidad que nos queda preguntando.

Nadie te habla de ese arte para tomar apuntes que uno va adquiriendo, y que básicamente consiste en dos puntos: el primero, reproducir todo lo que dice el profesor (muletillas, chistes malos y toses incluidas), y el segundo, echarle de vez en cuando una ojeada al portátil/folio del compañero de al lado.

Otra cosa que tampoco nos cuentan, son los “voy súper liado con exámenes”, “tengo un trabajo para la semana que viene” o ” ya he quedado” de muchos de nuestros amigos de toda la vida. Y yo, sinceramente, muchas veces he tenido, y tengo la sensación, de que soy la única persona, que echa de menos y necesita de vez en cuando ver a “los de siempre”.

Ya de paso, me hubiese gustado que alguien me contase, que mi nombre iba a dejar de tener protagonismo por la facultad, que de ahora en adelante, iba a ser un número, y que de conocerme, sería por mi apellido.

Tampoco hicieron especial hincapié, en que durante estos años universitarios, verías marchar a muchos de tus seres queridos, y esto, para mí, por mucha ley de vida que intente aplicar, es lo que más me duele. Ninguna fiesta, ninguna borrachera, ni si quiera el bailar hasta no sentir los pies, podrá suplir nunca la compañía de mis abuelos.

El otro día, hablaba con mi madre, y le confesaba que tenía una crisis del universitario de libro. Y mi madre, tan sensata como siempre, se limitó a responderme: Eso, no es la crisis del universitario hija, eso se llama madurar. Unos lo hacen antes, otros después, y algunos pocos, no lo hacen nunca.

Comienza algo grande

Hoy después de mucho tiempo me vuelvo a sentar frente al ordenador, delante de una página en blanco, dispuesta a dejarme llevar por mis sentimientos.

Hoy dejo un poco de lado los apuntes, porque siento que necesito volver a este mundo, retomar lo que un día, sin apenas pensar, decidí dar por terminado.

Y no, hoy no vengo a contaros nada de amor, me refiero a escr
ibir.

Porque todos estamos enganchados a alguna cosa. En cierto modo, cada uno tiene su “droga” y la mía no es otra que escribir.

Y es que en realidad, no viene mal de vez en cuando una vía de escape.

Para los que no entiendan de que va esto, yo tenía un blog.

Un blog ni mejor ni peor que otros. Pero sí un blog hecho con cariño.
Cada texto, cada línea, y cada palabra, estaba pensada al milímetro, y escrita con todo mi corazón.

Y un buen día, tras una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en mi vida, tuve la sensación de que ese blog ya no iba conmigo.
En aquellos momentos, desee que todos esos textos, que con tanto cariño había escrito, nunca hubieran existido, y pensé que lo más parecido a mis deseos, y lo mejor para mí, era que el blog desapareciera.

Y así, es como de un plumazo, dejé de escribir. De contar mi vida no sé muy bien a quién, ni para qué.

Pero hoy he decidido que ya está bien, que tras muuuuuchas horas de estudio, me merecía un respiro, y hoy me he tomado la tarde para escribir. Escribir todo lo que me sale del corazón.
Hoy me estoy poniendo al día con la escritura, nos hemos tomado varias CocaColas, y le he resumido todo lo que me ha pasado, y se me ha pasado por la cabeza, en los últimos dos meses.

Mientras pongo el broche final a este texto, noto como la ilusión y el miedo al mismo tiempo se van apoderando de mí. Por un lado, no paro de repetirme a mí misma las ganas que tenía de que llegara este momento, pero a la vez, no dejo de pensar si estoy haciendo las cosas bien, si gustaré, si me leerá alguien…

Dicho esto, creo que va siendo hora de despedirme.
Para los que me concocían y para los que no, para todos: Gracias. Gracias por estar ahí.

Nos leemos pronto.